La acción se desarrolla durante un almuerzo familiar un domingo. Intervienen mi cuñada Ana, mi sobrino Miguel y mi hermano Juan.
Ana (dirigiéndose a Miguel): ¿Cuántas cucharadas te has comido?
Miguel: Dos.
Ana: Tienes que comerte cinco.
Miguel (niega con la cabeza): No quiero.
Ana: Bueno, pues cómete por lo menos tres.
Miguel: Vale.
(Miguel se lleva a la boca tres cucharadas más, contento por haberse salido con la suya)
Juan (dirigiéndose a mí): Usted tiene perfecto derecho a elegir entre conocer las matemáticas o no, pero debe ser consciente de que, en caso de no conocerlas, podrá ser manipulado más facilmente.
La verdad es que fue una situación muy divertida, aunque en descargo de mi sobrino he de decir que aún no ha cumplido los tres años y que el otro día le enseñaron a escribir el número uno. Ya tendrá tiempo de darnos unas cuantas vueltas a todos haciendo cuentas.







